Enero 2026
En aquel tiempo dijo Jesús: Habéis oído que se dijo: "Ama a tu prójimo" y odia a tu enemigo. Pero yo os digo: amad a vuestros enemigos y orad por los que os persiguen. De este modo seréis dignos hijos de vuestro padre del cielo, que hace salir el sol sobre buenos y malos y manda la lluvia sobre justos e injustos. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa merecéis? ¿No hacen eso también los publicanos? Y si saludáis sólo a vuestros hermanos ¿qué hacéis de más? ¿No hacen lo mismo los paganos? Vosotros ser perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto (Mt 5, 43-48)
No hay amor sin afectos. El amor se dirige a un fin y al encontrarlo establece relación a través de los afectos, hasta el punto que éstos sirven de vinculo a veces tan fuerte que parece de acero. Por ello no hay amor sin afectos. A veces la formación del seminario disminuye la importancia de los afectos o los disminuye o los culpabiliza, o lo que es peor, se entrena a los seminaristas para suprimirlos. Otras veces cuando los afectos no encuentran un destino digno de amor, se estrangulan y se desvían hacia sí mismo. Lo que podemos observar son algunos clérigos muy amantes del poder, del dinero, de aparecer por encima de los demás, en el plano moral, por ejemplo.
Pero, ¿de dónde nace esa fuerza comunicativa, generadora y generosa? Aquí nos encontramos maravillados, el amor proviene de Dios, Dios es amor. Es la enseñanza primordial de Jesús. Un amor que es paternal a semejanza de Dios Padre. Está más allá de ti y de mí. Y nos es dada. El Padre ama primero y pone en movimiento el dinamismo del amor. Para hablar de la formación del seminarista en los afectos, el texto nos lleva a Jesús que conoce el Amor y es afectuoso. A lo largo de estos comentarios iré desgranando lo que he aprendido en el conocimiento de Jesús. Siempre es poco, es frágil y está abierto.
Amar como nos indica Jesús, como el Padre celestial es perfecto, es descuibrir el Corazón de Jesús que no tiene favoritismos, que no tiene compartimentos, que no tiene horarios. Ama a todos como el Padre ama: a buenos y malos a justos e injustos, sin distinción. Por eso a todos envía el don de la vida reflejados en el sol y la lluvia. Un corazón generoso que no mide, que no calcula, que se desborda. Un corazón de amor incondicional. Si el Corazón de Jesús ama primero, ama sin condiciones.
En cuanto a los afectos del corazón Jesús en este texto del sermón de la montaña pone los fundamentos y abre el camino para comprender sus acciones, el modo de relacionarse y un amor entregado sin pasar facturas. El sacerdote tiene como bandera de sus afectos el ser digno hijo del Padre que ama a todos sin distinción. Los afectos buscan la fuente del amor. El seminarista va formando el corazón con los nombres que le acompañan. No sólo los que eligen sus afectos sino los que le entrega Jesús para su futura misión. Y con los nombres que le acompañan va formando la humanidad y la Iglesia a la que ha sido enviado.